Argentina siempre vuelve: cómo sobrevivir (y crecer) en tiempos de crisis

¿Te suena familiar esta sensación? El peso que no para de caer, las ventas que bajan, los clientes que aprietan el bolsillo. Los empleados que no siempre van al ritmo que uno necesita. Y vos ahí, sosteniendo todo.

Yo ya viví esto. Varias veces.

Mujer de 50 de edad decidida de pie en un depósito de indumentaria rodeada de vestidos de fiesta y paquetes de ropa, iluminada por un rayo cálido de luz dorada en un ambiente cinematográfico y emocional.
En los momentos más difíciles también nace una nueva fuerza. Entre vestidos, cajas y sueños, Auraj sigue avanzando con visión, trabajo y esperanza. Porque Argentina siempre vuelve. Y nosotras también.


Argentina es así. Y eso no es una tragedia — es una lección.

Llegué a este país con mi familia cuando tenía 11 años. Traíamos 300 dólares. Nada más.

Cuando llegué a Argentina en 1986, los precios cambiaban tres veces en un mismo día. Ibas a comprar algo a la mañana y a la tarde ya valía el doble.Me acuerdo perfectamente por que fui a comprar mi yogur favorito 3 veces en un dia, y las 3 veces tenian precios diferentes.  Eso era la hiperinflación argentina. Los que vivieron esa época lo saben. Y aun así, la gente siguió adelante.

Desde entonces, vi de cerca cada crisis que sacudió a la Argentina. El Corralito del 2001. La inflación que no para. La pandemia. Y este momento que estamos viviendo ahora.

¿Sabes qué tienen en común todas esas crisis?

Todas pasaron.


Marzo de 2013: el peor año de mi vida

Abrí mi local mayorista en marzo de 2013.

No había dinero. No había clientes. Y el local minorista que tenía en paralelo también estaba sufriendo — porque los clientes de la zona empezaban a venir a Flores a comprar más barato.

Para colmo, cometí un error que me costó muy caro: confié en dos empleadas, dos chicas que pense que conocía bien y que eran de fiar. Creían que si yo abría un mayorista, era porque tenía mucho dinero.

No tenían idea de la realidad.

Cuando les dije que no podía subirles el sueldo porque la situación era difícil, una me inició una demanda laboral al día siguiente. La otra muy amiga de la primera siguió viniendo a trabajar como si nada — sonriendo, sin decir una palabra — mientras también me demandaba por atrás.

Ese año aprendí algo que nunca olvidé:

En los momentos de crisis, sabés quién es quién.


Todo bloqueado. Todo trabado.

Intenté con remeras estampadas. Pero la tintorería donde mandaba a estampar tardaba tres meses en devolverme el corte — primero atendían a sus clientes grandes, y yo no tenia otra opcion mas que esperar. Para cuando llegaba mi mercadería, la temporada ya había pasado.

El negocio no arrancaba. Las demandas me consumían. Y yo seguía de pie, buscando la salida.


Diciembre de 2013: la última apuesta

A fines de junio de ese año, casi sin esperanza, compré un lote de mercadería importada. Unas 1.000 piezas.Supuestamente llegaria a mas tardar fines de septiembre, pero no fue asi. 

Llegaron el 1 o 2 de diciembre.Tenia muy poco tiempo para poder vender, pero la suerte me tenia lastima supongo.En una semana y media, se vendió todo.

Pero eso no es lo que más recuerdo de ese momento.

Lo que recuerdo es lo que pasó después — cómo de la nada, apostando casi a ciegas, llegó el primer gran éxito del mayorista.

La salvación llegó de donde menos lo esperaba. Como siempre en Argentina.


Lo que duele de verdad en una crisis

No es solo que las ventas bajen.

Es ver tus productos — tus obras, las piezas en las que pusiste tiempo, dinero y criterio — venderse a precios que duelen.

Yo lo viví. Hubo un momento en que vendí vestidos a 30 pesos la unidad. Hoy equivaldría a 300 pesos.

¿Lo harías vos? Yo lo hice. Para hacer espacio. Para seguir respirando. Para poder volver a crecer.


La tentación más grande en una crisis: bajar el precio de todo

Cuando el mercado se llena de ofertas, la presión es enorme.

Pero hay una diferencia entre hacer una liquidación inteligente y destruir tu marca.

Armá paquetes. Mezclá precios. Ofrecé volumen. Pero mantené tu estándar visible.

Un producto de calidad real no es lo mismo que lo barato. Y tus clientes tienen que entender eso para poder venderlo bien.

Yo lo aprendí en carne propia durante el Corralito del 2001. Mientras todos bajaban precios y vendían cualquier cosa, yo seguí vendiendo ropa cara, de calidad. ¿Por qué? Porque pensé: la gente prefiere comprar una sola pieza que dure, antes que comprar tres baratas que se rompen.

Y tenía razón. Ese período no fue tan malo para mí.

Además — y esto lo saben bien las que trabajamos en moda — cuando una mujer encuentra algo que le encanta, encuentra la forma de comprarlo. Siempre.


¿Qué podés hacer vos ahora mismo?

No compitas con lo barato. Lo barato siempre va a existir.

Armá paquetes inteligentes que protejan tu margen.

Mostrá el valor real de tu producto.

Mantené el contacto con tus clientes aunque no compren ahora.

Y sobre todo: no te rindas.


Hoy, mientras escribo esto, mi depósito está lleno.

Las ventas no están en su mejor momento.

Hay competencia que vende más barato.

Y aun así, no bajo los brazos.

Porque ya sé cómo termina esta historia.

Argentina siempre vuelve.

Y yo también.


📌 Más notas relacionadas:

👉 Episodio 1: "300 dólares y el coraje de una familia"

👉 Episodio 3: "El camino hacia el mayoreo – El año en que lloré en el baño"

👉 ✨ Cómo vender más vestidos de fiesta sin bajar precios

👉 ✨ Por qué algunos vestidos no se venden: Los 5 errores

— Joung Won, fundadora de Auraj 13 años en el mayorista de moda en Buenos Aires www.auraj.com.ar | @auraj_ba









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